En Fundació Prat, creemos que el aprendizaje trasciende las clases: se construye también en experiencias que desafían, inspiran y transforman. Un Hackathon representa todo eso: varias horas de trabajo intenso en equipo, creatividad desbordante, soluciones ingeniosas, y ese punto de adrenalina de ver ideas cobrar vida. A través de esta herramienta formativa, nuestros estudiantes no sólo ejercitan sus capacidades técnicas, sino que ponen en juego habilidades como la colaboración, la gestión del tiempo y la innovación.
El Hackathon en Prat FP no es una competición vacía; es un espacio donde se promueve lo interdisciplinar. Al reunir jóvenes de diferentes ciclos formativos como: DAM, Transporte y Logística, FP Dual, etc. se potencia el intercambio de conocimientos y puntos de vista. Un estudiante de desarrollo aporta código, otro de logística piensa en los flujos, alguien de comercio internacional en normativa, y todos juntos convergen hacia una meta concreta. Esa diversidad de perfiles convierte el Hackathon en una mini empresa improvisada donde cada decisión cuenta: elegir tecnología, definir diseño, dividir tareas, corregir errores.
Pero más allá de lo técnico, lo que realmente marca la diferencia es la creatividad aplicada al problema real. Los retos que proponemos no son hipotéticos: parten de necesidades detectadas en empresas colaboradoras, en organismos sociales o en retos globales como sostenibilidad, accesibilidad o innovación social. Se pide a los equipos que piensen no sólo en “qué puedo hacer”, sino en “qué debe hacerse”, en cómo sus soluciones pueden tener impacto auténtico. En muchos casos esas propuestas se materializan: algunas terminan presentándose a concursos externos, otras sirven como prototipo para proyectos académicos, o incluso se desarrollan para empresas reales.
El dispositivo Hackathon también sirve como espacio de aprendizaje acelerado. En las jornadas, los estudiantes descubren que equivocarse es parte del proceso, que iterar mejora los resultados, que no existe una única solución óptima sino muchas aproximaciones posibles. Se trabaja con mentorías, feedback continuo y presentación final frente a jurados o compañeros que critican desde diferentes ángulos: creatividad, viabilidad técnica, diseño, impacto. Esa presión saludable enseña a defender ideas, aceptar críticas y mejorar con ellas.
Además, participar en un Hackathon tiene efectos visibles en el perfil profesional. Un estudiante que ha pasado por estas experiencias adquiere competencias que luego marcan la diferencia en una entrevista: capacidad de liderazgo, iniciativa, resiliencia, trabajo en equipo, adaptabilidad y creatividad aplicadas. Son cualidades muy valoradas en empresas que buscan talento capaz de resolver imprevistos, de innovar y de trabajar bajo presión.
Y también, no se quedan en la teoría: en Prat FP vinculamos estos Hackathons con apoyos concretos: espacios bien equipados, acceso a tecnologías emergentes, tutores especializados, colaboraciones con empresas del sector, reconocimiento en el expediente académico. Todo ello hace que la experiencia tenga sentido, que lo vivido pueda abrir puertas, generar redes y oportunidades reales más allá del aula.
Al cierre de cada edición, vemos cómo los estudiantes salen distintos: con nuevas ideas, con contactos profesionales, con energías renovadas, y con la convicción de que pueden transformar lo que antes parecía imposible. Esa transformación personal colectiva es una de las mayores riquezas de nuestros Hackathons en Fundació Prat. Porque al final, no se trata solo de ser mejor en lo técnico, sino de creer en tu capacidad para crear soluciones reales, para innovar, para liderar.
Si te interesa ser parte de estas experiencias, permanece atento a las convocatorias de Fundació Prat, participa con entusiasmo y ven con ánimo de explorar, equivocarte, aprender y construir. Los Hackathons te esperan como puentes hacia lo que aún no te has imaginado.



